Jueves, 27 de noviembre de 2014

31 de enero de 2014.

Bajo del coche, siento el frío en la cara y cierro la cremallera de mi chaqueta hasta arriba pero no me cubre lo suficiente, me he dejado el foulard en casa, ¿y si voy a buscarlo?, volver, quizá es una señal de que debo irme a casa. Abro el maletero y cojo el saco de dormir, la almohada y la esterilla, esto pesa mucho más de lo que pesaba en casa. Siento que voy a cámara lenta. Estoy viviendo esto como si estuviese viendo una película. No soy yo quien sube la cuesta cargada, no soy yo quien camina lentamente por una acera concurrida donde no le importo a nadie, donde nadie me ve. No quiero seguir caminando, esto no es real, esto no me está pasando a mi, quiero volver a mi cama, esconderme entre las sábanas y olvidarme de todo lo demás, quiero desaparecer.

- ¿Esther?- me increpa una chica y me saca de mis pensamientos desconcertándome, la miro interrogante, ni siquiera contesto, inmediatamente se disculpa y se va, pero me sigue mirando de soslayo desde la distancia.

Vuelvo a notar el frío en la cara, el corazón me late enloquecido, me cuesta respirar, no quiero seguir caminando, quiero volver a mi mundo, me pesan las piernas y las bolsas que cargo,  no puedo seguir avanzando, me quedo aquí.

-Cristina, ¡mi niña!- Solo una frase, solo tres palabras que derrumbaron todo a mis pies, deje caer todo al suelo y la abracé con todas mis fuerzas, llegaron las lágrimas a mis ojos, había procurado no llorar pero ahí estaban y con un grito ahogado por la desesperación le dije: -Delia, no quiero ir, por favor, por favor, no quiero ir-. No sé porqué ella estaba allí, justo a esa hora, justo cuando yo debía pasar por allí, pero ahí estaba, gracias a ella y a sus palabras de aliento pude seguir caminando, tenía que conseguirlo, es lo que tengo que hacer y lo que esperan de mi...



Tags: ingreso, anorexia, miedo, hospital de dia, trastorno alimentario

Publicado por chrysalides @ 21:28
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios